“Yo también comía cadáveres”

“I also used to eat corpses”

Esto no sólo me ha pasado esta mañana. Tampoco un par de veces más. De hecho, desde que decidí escoger el camino de respetar a las demás especies animales –el camino vegano-, esta parece ser la frase estrella para defender lo indefendible, cuando ya no quedan argumentos de peso..: “¡pues tú hace un año también comías animales!”. Al principio solía molestarme de un modo feroz esta respuesta, hasta que comprendí que es un intento de defensa propio de la ‘etapa de negación’. Y me explico: a la hora de comprender un suceso que rompe nuestros esquemas -ya sea el fallecimiento de un ser querido, o darnos cuenta de que hay una dependencia por una persona o alguna sustancia dañinas…-, existen varias etapas antes de poder superar el cambio, y la primera siempre es la de negar hasta el infinito que algo malo/incorrecto/dañino sucede. Partiendo de esto, comprendí que cuando alguien omnívoro me deja ir un “pues tú hace poco también comías carne”, es porque en su fuero interno algo le dice que lo que hace no va bien, pero se agarra con clavos ardientes a “lo normal”, a su modo de vida habitual, a lo que ha hecho siempre… y lo que parece “correcto”.

Hace diez meses, yo también comía cadáveres. Sí, lo admito. Y no me avergüenzo de ello, porque es la forma en la que me enseñaron a alimentarme. Asumo que yo crecí en una sociedad omnívora, donde los médicos recomiendan consumir “pescado”, “carne blanca” o “leche”, como si eso fueran productos, y no animales. De hecho, yo nunca he sido muy carnívora, aunque me encantaban las hamburguesas, nuggets, albóndigas o embutidos. Sobretodo esos, que ni siquiera parecían productos animales -dado su forma-, sino simplemente una masa con buen sabor.

Entonces, recapitulemos..: ¿He comido animales hasta hace un año? Sí. ¿He comido huevos y tomado leche de vaca hasta hace un año? Sí. ¿Me gustaban los productos animales que solía comer? Sí.

Por lo tanto, cuando me dicen “pero tú antes comías animales”, les digo: “sí, y me parecían muy ricos”. Remarco… muy “ricos”. Entonces, ¿por qué ahora no, y antes sí, si al fin y al cabo sabías que eran animales?

Y aquí entra… la pura conciencia, las ganas de conocer, de aprender. Para mí, aprender es un proceso de ‘caída de la venda’. ¿Te acuerdas cuando no sabías leer? Bueno, quizá no porque aprendiste de muy pequeño, pero si hablamos con nuestros abuelos o padres… ellos sí se acordarán, porque quizá lo hicieron en una edad más avanzada, cuando ya tenían conciencia. Si alguien te explica su experiencia avanzada del aprendizaje de la lectura, seguro que usará la expresión “se me cayó la venda de los ojos”. Pero no hace falta irnos a otros… ¿No has repasado nunca apuntes de la escuela con los más pequeños, y te acuerdas de cómo de difícil te parecía de niño a ti, algo que ahora parece tan simple? Cuando algo nos parece difícil de comprender a primeras, suele ser porque es algo desconocido para nosotros, y necesitamos estudiarlo/practicarlo varias veces para comprenderlo y que se nos “caiga la venda”. Así, el aprendizaje es el proceso de abrir los ojos, tomar conciencia.

En esta afirmación me respaldo para decir que sí, yo comía animales y, aunque supiera que eran animales, nunca fui plenamente consciente de lo que de verdad me estaba llevando a la boca. No hasta que no me informé del papel y de la actuación de la industria alimentaria en nuestra sociedad. En algún momento de ver vídeos de mataderos o granjas masivas, la venda de mis ojos cayó. Eso sí, no tiene por qué ser así de fácil. De hecho, yo tenía muchísimas preguntas, porque lo que es seguro es que no se nace sabiendo, ni se empieza un camino con todo aprendido.

A raíz de darme cuenta de que algo no iba bien en el mundo con algo tan básico como es nuestra alimentación, comencé a informarme por internet y mediante otras personas que apoyaban el respeto a los animales. Y pregunté, pregunté mucho. Pregunté cosas que quizá hoy me preguntan a mí y me resultan molestas. Pero gracias a preguntar, a tomar conciencia… aprendí que no siendo necesario acabar con la vida de X animales para alimentarme, no querría participar de tal masacre nunca más. 

Antes he dicho que yo comía productos animales porque me parecían ricos. La mayoría de la gente come animales porque les parecen ricos. Pero 1- ni siquiera los productos que comemos tienen sabor a carne verdadera, puesto que llevan especies a borbotones de modo que se pierda ese sabor original, y 2- ni siquiera necesitamos en nuestro organismo cantidad de productos animales que consumimos únicamente porque “están ricos”.

Por lo tanto: 1- ¿Está el sabor por encima del respeto a la vida? y 2- ¿siendo posible alimentarnos de productos no animales, deberíamos participar de tal masacre?


 

English version

This has not only happened to me this morning. Neither a couple of times more. In fact, since I decided to choose the path of respecting other animal species –the vegan road–, this seems to be the star phrase to defend the indefensible, when there are no longer any weighty arguments – “well, one year ago you also used to eat animals!“.

At first, I used to get mad fiercely to this response, until I understood that it is an attempt of self defense in the ‘denial stage‘. I explain it – when it comes to understanding an event that breaks our schemes [either the death of a beloved one, or realizing that there is a dependence on a harmful person or substance…], there are several stages before to be able to overcome the change, and the first one is always to deny to infinity that something bad/wrong/harmful happens. Starting from this, I understood that when someone omnivore sends “you also ate meat at some point”, it is because in their heart something tells them that what they do is not right, but they attach themselves to the “normal”, to their habitual way of life, to what they always have done, which is what seems “right”.

Ten months ago, I also used to eat corpses. Yes, I admit it. And I am not ashamed of it, as it is the way they taught me how to feed myself. I assume that I grew up in an omnivorous society, where doctors recommend consuming “fish”, “white meat” or “milk”, as if they were products, and not animals. In fact, I have never been very “carnivorous”, although I used to love hamburgers, nuggets, meatballs or sausages… those which did not even look like animals products – which is something that happens to many people.

So, let’s recap… – Have I eaten animals until one year ago? I have. Have I eaten eggs and drank cow’s milk until one year ago? Indeed I have. Did I like the animal products I used to eat? I did.

Therefore, when they tell me “but you used to eat animals”, I say – Yes, I used to, and they were very tasty”. Tas-ty. So, why not now, a before yes, if at the end of the day you knew they were animals?

And here comes… the pure awareness, the desire to know, to learn. For me, learning is a process of “opening the eyes“. Do you remember when you could not read? Well, maybe not because you learned from very young, but if we asked our grandparents or even parents… surely they will remember, because maybe they did at a later age, when they where already aware. If someone explains you their advanced reading learning experience, they will use the expression “I dropped the blindfold”. But we do not need to ask to others… Have you not ever reviewed school notes with the little ones, and something that now seems so simple was very difficult at your moment of learning? When something seems difficult to understand at first, it is usually because it is something unknown to us, and we need to study it/practice it several times to understand it and to let drop the blindfold. Thus, learning is the process of “opening the eyes”, becoming aware.

In this statement I support myself to say – yes, I ate animals and, even though I knew they were animals, I was never fully aware of what was really going on to my mouth. Not until I learned about the role and performance of the food industry in our society. At some point of watching videos of slaughterhouses or massive farms, the blindfold fell. Of course, it is not that easy. In fact, I had many questions, because what is certain is that you are not born knowing, nor do you start a journey with everything learned.

As a result of realizing that something was not right in the world with something as basic as our diet, I began to inform myself on the Internet and through other people who supported respect for animals. And I asked, I asked a lot. I asked things that maybe today I would find them annoying. But thanks to asking, to become aware… I learned that it is not necessary to end the life of X animals to feed me, and I would not want to participate in such a massacre anymore.

Earlier above I said that I ate animal products because they seemed tasty to me. Most people eat animals because they feel they are tasty. But 1st – not even the products we eat have the taste of real meat, since they carry species in spurts so that the original flavor is lost, and 2nd – we do not even need in our organism the quantity of animal products that we consume only because “they are tasty”.

Therefore: 1st – is the taste over respect for life? and 2nd – if it is possible to feed ourselves on non-animal products, should we participate in such a massacre?

 
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El derecho a la vida, por encima de todo

La interrupción voluntaria del embarazo sigue siendo un tema muy polémico en nuestra sociedad occidental, y tiene posiciones muy diversas. Parece que la opinión que está más en boga es la que favorece el aborto libre, ya que “la mujer es una persona independiente y con derecho absoluto sobre su cuerpo”. Pero… ¿es esta definición la excusa para detener la vida de un ser que se está creando en tu interior?

Es curioso cómo aquél que está a favor de la vida se le relaciona automáticamente con el grupo social más conservador, y con la Iglesia; mientras que quien está de acuerdo con frenar voluntariamente el desarrollo de la vida, se le incorpora en el grupo progresista y feminista. Son, así a grandes rasgos, las dos agrupaciones en las que se dividen los simpatizantes de ambas opiniones contrarias. ¿Que te posicionas en contra del aborto? Uy, rezumas hedor a PePero. ¿Que estás a favor de interrumpir el embarazo? Cuanto menos, podemita.

Pero… ¿nos damos cuenta de qué significa e implica el aborto? Nada tiene que ver, en absoluto, con la política. Ni tan solo con las corrientes sociales. Esto no va de grupos, o de seguidores de un movimiento. En este caso, tampoco nada tiene que ver ser feminista. Aquí lo único que participa es la moral. Y, como consecuencia de ella, la empatía. Es decir: pensar en el fin de la vida de una persona que se está formando, que tiene que nacer, que es tan frágil… y que gracias a ti puede ver y conocer el mundo, como lo hacemos nosotros, ¿no es de mente fría? Es de absoluta falta de empatía. Aquí sólo se complace al ego.

Alerta: No existe ni el blanco ni el negro, sino una verdadera escala de grises. El aborto voluntario puede tener cabida, sí, según las condiciones de la madre y del feto. Existen muchas situaciones de riesgo para el ser que se está formando y para su portadora; también circunstancias previas al embarazo muy traumáticas, como es el caso de una violación -en especial en niñas-; etc. Esto justifica la interrupción de la vida. Pero hay que tener en cuenta que es ESO lo que justifica matar a alguien que se está formando, y no “la libertad de la mujer a decidir sobre su cuerpo”, puesto que en el momento en que se está formando un ser en su interior, el singular se transforma en plural. Obviamente, la decisión sigue siendo de la mujer portadora del ser -y no de la ley-; aun así, la capacidad de buscar el aborto sin ningún cargo de conciencia, no me deja indiferente.

Actualmente tenemos suficientes métodos anticonceptivos y sobrada educación sexual como para tener que seguir en una cifra tan alta de detenciones de embarazos: 94.796 en 2014 (en España). Algunos menos en 2015. Pero siguen siendo muchas vidas que han perdido la oportunidad de conocer qué es el mundo.

Por supuesto, si no tenemos la posibilidad de sustentar a un hijo no deseado, existen medios para darles otras oportunidades, como es el caso de la adopción: miles de familias no son capaces de engendrar un hijo, y su primera meta es adoptar a un niño.

No me considero conservadora. Tampoco creyente, y mucho menos pro-Iglesia. Sólo soy provida. Y profelicidad. Considero que la vida es el primer derecho de todos. El número 1. Aquello que nos permite formar parte del mundo, de nuestra sociedad. Sin lo cual no podríamos ni estar opinando al respecto de este tema. ¿Por qué negar la vida sin más? ¿O por qué llegar al punto de crear vida para tener que cortarla después?

La empatía y el altruismo son cualidades sine qua non para participar del mundo. No hace falta decir que “el derecho de la mujer para elegir sobre su cuerpo” está por debajo del derecho a la vida. Cualquier derecho está por debajo al derecho a la vida. Porque la vida es el principio de todo.

Deberíamos vernos en perspectiva, dejar el egoísmo a un lado, y fomentar la empatía en todas las sociedades del planeta. Porque el planeta es vida, y vida somos todos.