41 años de festividad, muchos más de lucha

1789, Revolución Francesa. Contexto en que la mujer toma conciencia colectiva de su inferioridad en la sociedad con respecto al hombre. Comienzo de la lucha de reivindicación de derechos. 

Tras diferentes manifestaciones a lo largo de estos años, en 1911 mueren 146 trabajadores en la gran manzana neoyorkina, de los cuales la mayoría son mujeres. La falta de seguridad laboral es lo que provoca el incendio, que tomará el nombre de Triángulo de Fuego. A raíz de este suceso, Europa implanta el Día de la Mujer Trabajadora en su calendario. Pero no es hasta 1975 cuando el mundo entero toma conciencia de esta lucha y se hace oficial. En España se instaura en 1936, con la Guerra Civil. La sociedad comienza a hervir y se siente el ansia de libertad.

Hoy, 41 años después de que el mundo se haya dado cuenta de la falta de derechos de la mujer, me siento orgullosa de quienes comenzaron esta lucha, y de quienes la siguen todavía. Como mujer, tengo un irrefutable deseo de que las sociedades del planeta entero se equiparen, de que crezcan anhelos de igualdad, y de que seamos conscientes que todos los seres humanos somos cortados del mismo patrón, y de que tenemos las mismas capacidades para llevar a cabo cualquier tipo de trabajo. Y hablo del trabajo, concretamente, porque hoy es el Día de la Mujer Trabajadora -por lo que comenzó esta lucha-. Pero también reivindico la erradicación de la violencia de género, del uso de la fuerza en la mujer, y de muchos otros aspectos en los que se infravalora todavía la figura femenina.

Hoy es un día simbólico de victoria sobre las mentes más conservadoras, pero esta batalla debe librarse cada día, cada hora, en cada situación de desigualdad que veamos o vivamos en primera persona. Porque gracias a quienes tomaron la iniciativa de plantarse, hoy vivimos en una sociedad más avanzada, y con más derechos. Es nuestra obligación, pues, seguir con la revuelta, rechazar situaciones de desigualdad, y gritar para hacernos oír.

Sobretodo, debemos ser conscientes de que nuestro peor enemigo no es el hombre anclado en el pasado, sino la mujer que no ha tomado conciencia de su situación. Si todas nos levantamos, no hay quien nos pare.

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Cuando lo absurdo desautoriza la verdad

Hace unos días publicaba una entrada acerca de qué es el feminismo, un término que todavía se malinterpreta y se confunde con el antónimo de ‘machismo’: el ‘hembrismo‘ (una expresión creada por los hombres).

Bien. Hoy me siento decepcionada. Cuando pienso que la sociedad va avanzando,- y que se va asumiendo el feminismo como una lucha de todos para conseguir la igualdad de género-, va la política y derroca cualquier esperanza. Hoy todos los diarios digitales publicaban un titular similar: “Valencia estrena semáforos paritarios”. La cuestión consiste en que el partido que gobierna la ciudad, Compromís, ha decidido cambiar algunas de las figuras de los semáforos que se iluminan en verde o rojo en los pasos de peatones. ¿Cambiar a qué? Pues a figuras con falda, las cuales representan a la mujer.

Mi primera reacción -teniendo en cuenta lo absurdo de la acción- es pensar: entonces, ¿tengo que llevar falda para cruzar el paso de peatones? ¿Cuando lleve pantalón me busco el semáforo tradicional? ¿Y por qué el muñeco neutro de siempre no nos representa a nosotras?

Me frustra ver cómo se está ridiculizando algo tan importante como es el feminismo, un concepto fundamental para el progreso de la sociedad. No acabo de comprender si es que incluso ellos mismos tienen la idea errada, o es que pretenden hacer desaparecer el sentimiento de lucha por la igualdad. Pero lo que es seguro es que lo están llevando a un extremo tan absurdo, que las reacciones no nos van a dejar indiferentes.

Existen micromachismos en el comportamiento de nuestra sociedad que demuestran cómo de inculcados tenemos todavía los estereotipos “de toda la vida”: “La maternidad es crucial para una mujer”, “si viste masculina, es lesbiana”, “seguro que se ha acostado con el jefe por ese ascenso”, “es una ‘fresca’ (por vivir libremente su sexualidad)”, entre muchos otros.

No obstante, hay otros aspectos en que no es necesaria ninguna corrección, puesto que -por ejemplo- hacen referencia al plural de una palabra (que se asimila al masculino); o a una figura neutral con cabeza, brazos y piernas (sin necesidad de llevar falda). En este último caso, considero que hay mayor discriminación implementando figuras con falda, puesto que se distingue del muñeco neutro que hace referencia a una persona, no a un sexo. ¿Acaso una falda es la prenda necesaria para distinguir a la mujer?

Hay que promover la igualdad de género, pero eso no conlleva crear una mayor diferenciación entre personas o sexos, con ‘sinsentidos’ como el de distinguir los géneros incluso en los semáforos. ¿Tendrían que poner siluetas de niños y ancianos, también? O, siguiendo en la misma línea, ¿qué hay de los transexuales: se identifican con uno o con otro? ¿Habría que poner faldas en las señales de pasos de peatones, también?

En cambio, sí que existen otros indicadores en la vía urbana que denotan machismo todavía, y que deberían ser el objeto de controversia y de cambio: ¿por qué las siluetas de preferencia de una persona con bebé, debe llevar falda? ¿No tendría que aparecer un muñeco neutro con dos piernas, y fin? ¿Acaso dice que los padres (hombres) que llevan a su bebé, no tienen preferencia a la hora de sentarse en un tren, o de aparcar en un parking?

Asientos reservados

No deberíamos generar más desigualdad, sino todo lo contrario. Hay mil y una maneras de hacerlo, de neutralizar la señalización, y hay infinitas situaciones donde imponer la igualdad de género, pero parece que se está buscando todo lo contrario: desunir la sociedad, a las personas, e imponer más malestar e incluso odio. Así que, señor Joan Ribó, alcalde de Valencia, búsquese mejores asesores, y que se informen un poquito más acerca de qué es la igualdad y/o el feminismo.

El feminismo es cosa de todos

A veces, cuando muestro intolerancia hacia quien no la tiene hacia mi -en este caso, los machistas-, recibo comentarios como: “Pero, ¿qué te han hecho a ti los hombres para que seas tan feminista?. Entonces entro en colapso, se me satura el cerebro, y de repente no sé si gritar, reír, llorar… o explotar.

En primer lugar, feminismo NO es una doctrina que ensalza la mujer, o el papel de esta en la sociedad, por encima del hombre.

Si hacemos el sencillo paso de buscar en cualquier diccionario por Google -por ejemplo, en la RAE-, el buscador nos indexa a esta definición:

 Se entiende por feminismo, la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

Bien. Partiendo de esta explicación, nos quedamos con que -como feminista- busco la igualdad de la mujer con respecto del hombre. Por lo tanto, los hombres no me han tenido que hacer nada personalmente a mi, como para que quiera una cosa tan obvia como es la equiparación de las condiciones sociales, laborales, económicas, políticas, etc., entre ambos sexos.

En segundo lugar, no es necesario que yo -como persona individual- haya sufrido abusos directamente de un hombre, infravalorándome, para que yo me sienta identificada con todas las mujeres que sí los han recibido, por el simple hecho de ser eso, mujeres.

Aquí no se trata de sujetos individuales, sino del colectivo femenino. Porque quiere decir que, si una mujer ajena a mi recibe esos abusos, algún día los podría recibir yo también, o cualquiera de nosotras. Esto nos impide crecer como colectivo -y así, equipararnos a nuestros compañeros masculinos- y, nos impide, también, crecer como sociedad.

De modo que, tengamos claro qué es el feminismo. Y seamos conscientes de que nosotros no existimos en el mundo únicamente como personas individuales, sino que tenemos todo de personas a nuestro alrededor que están siendo acosadas por una condición natural como es, simplemente, la de nacer con un órgano reproductor distinto.

Aclaración: aquí no estoy metiendo a todos los hombres en el mismo saco. En esta lucha estamos todos. Lamentablemente, todavía quedan muchos hombres machistas, pero también mujeres. Y, afortunadamente, cada vez hay más hombres feministas, y mujeres con ganas de luchar por sus derechos.

No dejemos esto como una cosa puntual, como unos sucesos de los cuales son protagonistas personas ajenas a mí… Esto es cosa de todos. Y si queremos avanzar y ser más felices, necesitamos aprender sobre empatía, tolerancia y amor.