Moralmente incorrecto: dícese de Donald Trump

El subtítulo de este blog escribe ‘políticamente incorrecta’. Así me considero. Detesto leer en las redes sociales comentarios sin sentido que se encierran en lo políticamente correcto y que, por lo tanto, dejan de tener validez. Hay ocasiones en que hay que ser un poco más crudo, tener consciencia de lo que está sucediendo en el mundo, y de no hacer ojos ciegos a los hechos reales, simplemente por el qué dirán.

Eso sí. Existe lo políticamente incorrecto que se acerca a la realidad, y está lo políticamente incorrecto que se convierte en lo moralmente incorrecto. Hoy seguía la actualidad política estadounidense, y he leído algo que me ha llamado la atención: Donald Trump ha asegurado que no tiene tiempo de ser “políticamente correcto” porque es tiempo de cambio y We are going to make our country great again (‘Vamos a hacer a nuestro país grande de nuevo’).

Pero las declaraciones de Trump, en las que se basa su programa electoral, no es que sean políticamente incorrectas. Son, simplemente, moralmente incorrectas: hablar de un colectivo por las malas acciones de una minoría de este –mexicanos ilegales = “corruptos delincuentes y violadores”-; asegurar que el cambio climático incentivado por el hombre es una farsa “para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”; entre muchas otras.

¿Cuál es la diferencia entre lo “políticamente incorrecto” y lo “moralmente incorrecto“? La primera, rechaza ocultar ciertos problemas que vive una sociedad, simplemente porque suena desigualitario o doloroso y, de este modo, evitar críticas. Tapando la realidad, lo único que se logra es privar a muchas familias hacer justicia.
La segunda, radicaliza cualquier situación de minoría que suceda -seguramente real- y la extrapola a un gran colectivo, sin tener consciencia de las personas individuales que lo forman y de los sentimientos de estas como lo que son, personas.

Así, tocar lo moralmente incorrecto es consecuencia de ser un líder egoísta, sin empatía ni bondad por ayudar al prójimo. En mi opinión, el primer concepto claro que debería tener cualquier político con aspiraciones a gobernar un país, es que el mundo está formado por personas individuales, que ninguna es exacta a la otra, y que no se puede juzgar a unos por otros.

¿Solución? Un mayor control en todos los países del mundo, más seguridad para evitar que paguen justos por pecadores y, sobretodo, más educación moral a la gente para que seamos conscientes de qué está sucediendo en el mundo, de cómo podemos ayudar a quienes necesitan ayuda, y cómo podemos sentirnos mejor siendo menos egoístas.

La felicidad radica en la empatía y en el altruismo, y lo que está proponiendo el señor Trump para “mejorar” la primera potencia mundial es una política de ignorancia, indiferencia con respecto al ser humano, y egoísmo puro y duro.

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El feminismo es cosa de todos

A veces, cuando muestro intolerancia hacia quien no la tiene hacia mi -en este caso, los machistas-, recibo comentarios como: “Pero, ¿qué te han hecho a ti los hombres para que seas tan feminista?. Entonces entro en colapso, se me satura el cerebro, y de repente no sé si gritar, reír, llorar… o explotar.

En primer lugar, feminismo NO es una doctrina que ensalza la mujer, o el papel de esta en la sociedad, por encima del hombre.

Si hacemos el sencillo paso de buscar en cualquier diccionario por Google -por ejemplo, en la RAE-, el buscador nos indexa a esta definición:

 Se entiende por feminismo, la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

Bien. Partiendo de esta explicación, nos quedamos con que -como feminista- busco la igualdad de la mujer con respecto del hombre. Por lo tanto, los hombres no me han tenido que hacer nada personalmente a mi, como para que quiera una cosa tan obvia como es la equiparación de las condiciones sociales, laborales, económicas, políticas, etc., entre ambos sexos.

En segundo lugar, no es necesario que yo -como persona individual- haya sufrido abusos directamente de un hombre, infravalorándome, para que yo me sienta identificada con todas las mujeres que sí los han recibido, por el simple hecho de ser eso, mujeres.

Aquí no se trata de sujetos individuales, sino del colectivo femenino. Porque quiere decir que, si una mujer ajena a mi recibe esos abusos, algún día los podría recibir yo también, o cualquiera de nosotras. Esto nos impide crecer como colectivo -y así, equipararnos a nuestros compañeros masculinos- y, nos impide, también, crecer como sociedad.

De modo que, tengamos claro qué es el feminismo. Y seamos conscientes de que nosotros no existimos en el mundo únicamente como personas individuales, sino que tenemos todo de personas a nuestro alrededor que están siendo acosadas por una condición natural como es, simplemente, la de nacer con un órgano reproductor distinto.

Aclaración: aquí no estoy metiendo a todos los hombres en el mismo saco. En esta lucha estamos todos. Lamentablemente, todavía quedan muchos hombres machistas, pero también mujeres. Y, afortunadamente, cada vez hay más hombres feministas, y mujeres con ganas de luchar por sus derechos.

No dejemos esto como una cosa puntual, como unos sucesos de los cuales son protagonistas personas ajenas a mí… Esto es cosa de todos. Y si queremos avanzar y ser más felices, necesitamos aprender sobre empatía, tolerancia y amor.