Sólo cuando mires a tu alrededor

…y cuando me paro a mirar a mi alrededor, y me fijo en las pequeñas gotas de agua; en la calidez del sol en mi piel; en cómo una brisa fría me hace estremecer; o en cómo el horizonte corta el mundo… Sólo en este instante es cuando puedo darme cuenta de quién soy y de qué hago aquí.

Cada día somos más conscientes de cómo nos pasa el tiempo de rápido, y aun así no nos planteamos el por qué, o si ese tiempo llegará a agotarse, o si habremos aprovechado lo suficiente esos minutos, horas o días cuando ya se estén acabando.

Parece mentira que nazcamos y crezcamos sin conciencia de lo que somos. Parece imposible creer que, siendo lo que somos y estando en el lugar en el que estamos, todavía se nos olvide que existimos más allá de la sociedad y de las reglas, más allá de lo impuesto por nosotros mismos. 

Es increíble cómo limitamos nuestra naturaleza y le hacemos creer que no proviene de la tierra, sino de un libro escrito por nosotros mismos; cómo la hacemos sentir como un elefante atado de una pata para que aprenda a no huir. Horroriza pensar en cómo nos creímos un día lo que montamos en medio de un juego, y cómo hemos extrapolado las normas de ese juego a todos los demás, durante tanto y tanto tiempo.A veces siento que es como si me hicieran jugar al fútbol -un deporte con límites y reglas-, cuando yo solamente quería divertirme con la pelota, lanzándola cómo y cuando yo quisiera. Pero no puedo ser la única que se percata de esas raíces que me atan a lo salvaje, a lo animal… A ese instinto que me llama continuamente para que me sienta viva y persiga la felicidad. Porque si fuera la única, entonces esa naturaleza se sentiría encarcelada, y -como un preso- desaparecería a ojos del mundo.

Una vez ya nos sentimos ‘personas’, nos desnaturalizamos, y nos obligamos a dejar de correr; a resignarnos; a poner el freno a nuestra imaginación y a nuestras ansias por saltar cada vez más alto, y por gritar cada vez más fuerte, y por reír.

Es entonces cuando creemos que la felicidad nos espera detrás de una rutina laboral, con un buen sueldo que nos permita gastarlo en cosas innecesarias, con un matrimonio fructuoso y lleno de hijos o mascotas. Sobretodo, con una partner inseparable: la televisión, que nos acompañará durante nuestra vida recortando nuestras horas, mientras vemos programas de personas que, algún día nacieron animales pero en poco se convirtieron en ciudadanos, desconociendo también su naturaleza y adaptándose a un mundo creado por otros animales desnaturalizados que han olvidado qué somos y qué hacemos aquí.

No será hasta que miremos a nuestro alrededor, y sintamos la vida en nuestra piel, cuando nos percatemos de qué somos y de cuál es nuestro papel en el mundo. No como dueños de él, sino como piezas de este.

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Tschüss, plástico!

Cuando comencé a darme cuenta de lo que el hombre está haciendo con el mundo, la angustia me poseyó, y mi cabeza comenzó a preguntarse por qué hacemos daño a la naturaleza, y por qué “necesitamos” hacerlo para avanzar en nuestra sociedad.

Entonces me planteé si sería posible un mundo como el de cincuenta años atrás, en el que mis padres iban a recoger la leche al lechero con un bote de vidrio, el aceite, o cualquier producto de alto consumo alimentario. Realmente, en mi temprana edad, me parecía algo prácticamente imposible de cambiar, y más sabiendo lo acostumbrada que está la gente a comprar en el supermercado su producto ya envasado, y conociendo el poder de la industria productora de plástico.

No obstante me planteé: si a mi no me importaría llevar mi recipiente de vidrio para recoger el producto en cuestión, ¿por qué sí a los demás? ¿Serán conscientes del mal que está causando un producto tan difícil de disolver naturalmente -como es el plástico- en el medio ambiente?

Tras todas aquellas frustraciones, que me han seguido durante todos estos años, me alegra y me alivia conocer noticias como estaBerlín se siente afortunada por dar a conocer la creación de un supermercado ecológico de ‘embalaje cero’.

La iniciativa recibe el nombre de Original Unverpackt, y ha sido llevada a cabo por dos chicas -Sara Wolf y Milena Glimbovski- cansadas del excesivo embalaje en la industria alimentaria. Lo mejor del proyecto, que además fue subvencionado mediante una campaña de crowdfunding, es que favorece al medio ambiente y los productos salen más económicos.

Sabemos que las personas somos animales de costumbres, que nos va a costar adaptarnos a un modo distinto de compra del producto, pero si somos conscientes de cómo podemos ayudar a nuestro planeta, deberíamos apoyar e incrementar la creación de proyectos como este. Así, “pronto” podremos decir adiós al plástico y, de este modo, eliminar imágenes tan impactantes y desoladoras como las que vemos a causa de este en el medio ambiente.

Parece que para encontrar soluciones primero hay que tocar fondo. Y, en cuanto a esto, espero que ya lo hayamos hecho.