El derecho a la vida, por encima de todo

La interrupción voluntaria del embarazo sigue siendo un tema muy polémico en nuestra sociedad occidental, y tiene posiciones muy diversas. Parece que la opinión que está más en boga es la que favorece el aborto libre, ya que “la mujer es una persona independiente y con derecho absoluto sobre su cuerpo”. Pero… ¿es esta definición la excusa para detener la vida de un ser que se está creando en tu interior?

Es curioso cómo aquél que está a favor de la vida se le relaciona automáticamente con el grupo social más conservador, y con la Iglesia; mientras que quien está de acuerdo con frenar voluntariamente el desarrollo de la vida, se le incorpora en el grupo progresista y feminista. Son, así a grandes rasgos, las dos agrupaciones en las que se dividen los simpatizantes de ambas opiniones contrarias. ¿Que te posicionas en contra del aborto? Uy, rezumas hedor a PePero. ¿Que estás a favor de interrumpir el embarazo? Cuanto menos, podemita.

Pero… ¿nos damos cuenta de qué significa e implica el aborto? Nada tiene que ver, en absoluto, con la política. Ni tan solo con las corrientes sociales. Esto no va de grupos, o de seguidores de un movimiento. En este caso, tampoco nada tiene que ver ser feminista. Aquí lo único que participa es la moral. Y, como consecuencia de ella, la empatía. Es decir: pensar en el fin de la vida de una persona que se está formando, que tiene que nacer, que es tan frágil… y que gracias a ti puede ver y conocer el mundo, como lo hacemos nosotros, ¿no es de mente fría? Es de absoluta falta de empatía. Aquí sólo se complace al ego.

Alerta: No existe ni el blanco ni el negro, sino una verdadera escala de grises. El aborto voluntario puede tener cabida, sí, según las condiciones de la madre y del feto. Existen muchas situaciones de riesgo para el ser que se está formando y para su portadora; también circunstancias previas al embarazo muy traumáticas, como es el caso de una violación -en especial en niñas-; etc. Esto justifica la interrupción de la vida. Pero hay que tener en cuenta que es ESO lo que justifica matar a alguien que se está formando, y no “la libertad de la mujer a decidir sobre su cuerpo”, puesto que en el momento en que se está formando un ser en su interior, el singular se transforma en plural. Obviamente, la decisión sigue siendo de la mujer portadora del ser -y no de la ley-; aun así, la capacidad de buscar el aborto sin ningún cargo de conciencia, no me deja indiferente.

Actualmente tenemos suficientes métodos anticonceptivos y sobrada educación sexual como para tener que seguir en una cifra tan alta de detenciones de embarazos: 94.796 en 2014 (en España). Algunos menos en 2015. Pero siguen siendo muchas vidas que han perdido la oportunidad de conocer qué es el mundo.

Por supuesto, si no tenemos la posibilidad de sustentar a un hijo no deseado, existen medios para darles otras oportunidades, como es el caso de la adopción: miles de familias no son capaces de engendrar un hijo, y su primera meta es adoptar a un niño.

No me considero conservadora. Tampoco creyente, y mucho menos pro-Iglesia. Sólo soy provida. Y profelicidad. Considero que la vida es el primer derecho de todos. El número 1. Aquello que nos permite formar parte del mundo, de nuestra sociedad. Sin lo cual no podríamos ni estar opinando al respecto de este tema. ¿Por qué negar la vida sin más? ¿O por qué llegar al punto de crear vida para tener que cortarla después?

La empatía y el altruismo son cualidades sine qua non para participar del mundo. No hace falta decir que “el derecho de la mujer para elegir sobre su cuerpo” está por debajo del derecho a la vida. Cualquier derecho está por debajo al derecho a la vida. Porque la vida es el principio de todo.

Deberíamos vernos en perspectiva, dejar el egoísmo a un lado, y fomentar la empatía en todas las sociedades del planeta. Porque el planeta es vida, y vida somos todos.

 

 

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41 años de festividad, muchos más de lucha

1789, Revolución Francesa. Contexto en que la mujer toma conciencia colectiva de su inferioridad en la sociedad con respecto al hombre. Comienzo de la lucha de reivindicación de derechos. 

Tras diferentes manifestaciones a lo largo de estos años, en 1911 mueren 146 trabajadores en la gran manzana neoyorkina, de los cuales la mayoría son mujeres. La falta de seguridad laboral es lo que provoca el incendio, que tomará el nombre de Triángulo de Fuego. A raíz de este suceso, Europa implanta el Día de la Mujer Trabajadora en su calendario. Pero no es hasta 1975 cuando el mundo entero toma conciencia de esta lucha y se hace oficial. En España se instaura en 1936, con la Guerra Civil. La sociedad comienza a hervir y se siente el ansia de libertad.

Hoy, 41 años después de que el mundo se haya dado cuenta de la falta de derechos de la mujer, me siento orgullosa de quienes comenzaron esta lucha, y de quienes la siguen todavía. Como mujer, tengo un irrefutable deseo de que las sociedades del planeta entero se equiparen, de que crezcan anhelos de igualdad, y de que seamos conscientes que todos los seres humanos somos cortados del mismo patrón, y de que tenemos las mismas capacidades para llevar a cabo cualquier tipo de trabajo. Y hablo del trabajo, concretamente, porque hoy es el Día de la Mujer Trabajadora -por lo que comenzó esta lucha-. Pero también reivindico la erradicación de la violencia de género, del uso de la fuerza en la mujer, y de muchos otros aspectos en los que se infravalora todavía la figura femenina.

Hoy es un día simbólico de victoria sobre las mentes más conservadoras, pero esta batalla debe librarse cada día, cada hora, en cada situación de desigualdad que veamos o vivamos en primera persona. Porque gracias a quienes tomaron la iniciativa de plantarse, hoy vivimos en una sociedad más avanzada, y con más derechos. Es nuestra obligación, pues, seguir con la revuelta, rechazar situaciones de desigualdad, y gritar para hacernos oír.

Sobretodo, debemos ser conscientes de que nuestro peor enemigo no es el hombre anclado en el pasado, sino la mujer que no ha tomado conciencia de su situación. Si todas nos levantamos, no hay quien nos pare.

El feminismo es cosa de todos

A veces, cuando muestro intolerancia hacia quien no la tiene hacia mi -en este caso, los machistas-, recibo comentarios como: “Pero, ¿qué te han hecho a ti los hombres para que seas tan feminista?. Entonces entro en colapso, se me satura el cerebro, y de repente no sé si gritar, reír, llorar… o explotar.

En primer lugar, feminismo NO es una doctrina que ensalza la mujer, o el papel de esta en la sociedad, por encima del hombre.

Si hacemos el sencillo paso de buscar en cualquier diccionario por Google -por ejemplo, en la RAE-, el buscador nos indexa a esta definición:

 Se entiende por feminismo, la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

Bien. Partiendo de esta explicación, nos quedamos con que -como feminista- busco la igualdad de la mujer con respecto del hombre. Por lo tanto, los hombres no me han tenido que hacer nada personalmente a mi, como para que quiera una cosa tan obvia como es la equiparación de las condiciones sociales, laborales, económicas, políticas, etc., entre ambos sexos.

En segundo lugar, no es necesario que yo -como persona individual- haya sufrido abusos directamente de un hombre, infravalorándome, para que yo me sienta identificada con todas las mujeres que sí los han recibido, por el simple hecho de ser eso, mujeres.

Aquí no se trata de sujetos individuales, sino del colectivo femenino. Porque quiere decir que, si una mujer ajena a mi recibe esos abusos, algún día los podría recibir yo también, o cualquiera de nosotras. Esto nos impide crecer como colectivo -y así, equipararnos a nuestros compañeros masculinos- y, nos impide, también, crecer como sociedad.

De modo que, tengamos claro qué es el feminismo. Y seamos conscientes de que nosotros no existimos en el mundo únicamente como personas individuales, sino que tenemos todo de personas a nuestro alrededor que están siendo acosadas por una condición natural como es, simplemente, la de nacer con un órgano reproductor distinto.

Aclaración: aquí no estoy metiendo a todos los hombres en el mismo saco. En esta lucha estamos todos. Lamentablemente, todavía quedan muchos hombres machistas, pero también mujeres. Y, afortunadamente, cada vez hay más hombres feministas, y mujeres con ganas de luchar por sus derechos.

No dejemos esto como una cosa puntual, como unos sucesos de los cuales son protagonistas personas ajenas a mí… Esto es cosa de todos. Y si queremos avanzar y ser más felices, necesitamos aprender sobre empatía, tolerancia y amor.